Nunca imaginé llegar a un punto así. Vivía en el extranjero, intentando adaptarme a una vida que no encajaba conmigo y sosteniendo una relación emocionalmente muy dura. Con el tiempo, me fui perdiendo. Sentía que ya no tenía voz, ni deseos, ni objetivos.
Estaba agotada. Y aun así, tenía que seguir, porque cuando eres mamá sigues incluso cuando ya no puedes más.
Volver a casa de mis padres: una decisión tan dura como necesaria
Tomar esa decisión me rompió por dentro.
Sentía que estaba retrocediendo, fallando, renunciando a mi independencia. Pero sabía que quedarme donde estaba me estaba apagando completamente.
No podía sostenerme ni económica ni emocionalmente, y necesitaba protegerme… y proteger a mi hijo.
Así que volví.
Y aunque dolió muchísimo, también fue un acto de honestidad conmigo misma.
Sobrevivir cuando estás hecha pedazos
Cuando regresé no tenía trabajo, ni ingresos, ni fuerzas.
Estaba hundida, con la autoestima destruida y sin energía ni para mandar un currículum. Cada cosa me superaba. Y la soledad era enorme: me costaba incluso conectar con mi propio hijo, porque yo misma no sabía dónde estaba.
Me movía en automático, como si hubiera dejado de existir.
Pero necesitaba sobrevivir, así que acepté un pequeño trabajo de unas horas que me ayudó a salir adelante. Económicamente fue un tiempo muy duro, pero también un punto de inflexión.
Lo que no se suele contar
Lo que más cuesta no es solo la parte económica.
Lo más difícil no fue solo la parte económica.
Fue mirar de frente ese vacío profundo que aparece después de separarte, cuando ya no sabes si perteneces a algún sitio.
Fue asumir que llevaba mucho tiempo sin escucharme, sin verme, sin sentirme. Que ya no sabía qué quería ni qué necesitaba.
Volver a casa me obligó, poco a poco, a reencontrarme conmigo.
Poquito a poquito, todo empieza a recolocarse
Nunca pasa de un día para otro.
No hay un día concreto en el que todo cambia. Es un proceso lento: un día respiras un poco mejor, otro entiendes algo que antes dolía, otro te notas un milímetro más fuerte.
Mi camino no fue rápido ni perfecto.
Pero sí fue auténtico.
Aunque una parte de mí hubiera deseado que aquella relación funcionara, hoy sé que elegí lo que mi corazón llevaba pidiendo mucho tiempo: paz, dignidad y un espacio para reconstruirme sin miedo.
Si tú también estás pasando por algo así…
Quiero que sepas algo que a mí me costó comprender:
No estás fallando.
No estás retrocediendo.
No estás sola.
Volver a empezar es un acto de valentía enorme, incluso cuando te sientes perdida.
Poquito a poquito, de verdad, las cosas se recolocan.
Y tú también.
Aquí, en MumsHorizon, tienes un espacio seguro donde compartir sin sentirte juzgada. Un lugar donde puedes contar tu historia, tus dudas o simplemente dejar un mensaje.
Aquí eres bienvenida.
Aquí perteneces.
Aquí no tienes que fingir.
Pequeñas recomendaciones que me acompañaron
(Estas son sugerencias desde mi experiencia. Si haces clic, te llevan a recursos externos que a mí me inspiraron.)
- Un libro que me acompañó mucho cuando me sentía perdida fue “El camino de la mujer que se reconstruye” — un recordatorio de que poco a poco puedes volver a ti.
(Inserta aquí tu enlace de Amazon Afiliados) - También me sostuvo muchísimo un libro sobre límites y autoestima saludable: “Cuando digo que sí, pero quiero decir que no”.
(Inserta aquí tu enlace de Amazon Afiliados) - Y otro recurso que me abrió los ojos fue “Mujeres que corren con los lobos”, un clásico que acompaña procesos profundos.
(Inserta aquí tu enlace de Amazon Afiliados)
Si tú también estás pasando por algo parecido, o has pasado por una separación que te dejó sin fuerzas, quiero que sepas algo que a mí me costó mucho entender: no estás sola, aunque a veces lo parezca. No estás fallando por sentirte perdida. No estás retrocediendo por tener que empezar de nuevo. Y no hay nada malo en necesitar tiempo para reconstruirte.
Aquí, en este espacio, puedes respirar un poquito.
Puedes llegar tal como estás.
Con tu historia, tus miedos, tus dudas o tu silencio.
Si te apetece compartir, puedes hacerlo. Y si solo quieres leer y sentirte acompañada, también está bien.
Somos muchas transitando procesos parecidos, aunque cada una tenga su propio camino. Y quizá, entre todas, podamos sostenernos un poco mejor mientras volvemos a encontrarnos.
Estás invitada a quedarte, a participar cuando lo sientas, a conectarte con otras mujeres que también están reconstruyendo su vida desde algún lugar profundo.
Aquí eres bienvenida.
Aquí perteneces.
Aquí no tienes que fingir nada.
