Cuando la cabeza no para
Hay días en los que sientes que no puedes más.
No es solo el cansancio físico —es el mental: estar pendiente de cada detalle, cada necesidad, cada decisión.
Piensas en la compra, en el colegio, en los horarios, en las emociones de tu hijo… y también en las tuyas, que muchas veces quedan en segundo plano.
Eso es la carga mental: todo lo invisible que haces, sientes y gestionas sin parar.
Y cuando crías sola, esa carga se multiplica.
Soltar el “tengo que poder con todo”
Durante mucho tiempo nos enseñaron que una “buena madre” es la que puede con todo, la que no se queja, la que se entrega por completo.
Pero esa idea solo nos aleja de nosotras mismas.
Poder con todo no es fortaleza, es agotamiento.
La verdadera fortaleza está en reconocer tus límites, en decir “basta” sin sentir culpa, y en permitirte descansar sin tener que justificarlo.
Pequeños pasos para aligerar la mente
No puedes eliminar todas las cargas, pero sí puedes hacerlas más llevaderas:
Pide ayuda, incluso para lo pequeño. No demuestra debilidad, sino humanidad.
Escribe lo que te preocupa: ponerlo fuera de tu cabeza lo hace más manejable.
Baja el nivel de exigencia: no todo tiene que hacerse hoy, ni perfecto.
Haz pausas reales: cinco minutos de respiración consciente pueden marcar una gran diferencia.
La mente tranquila también es amor
Una mente tranquila no solo te da claridad, también te devuelve la conexión con lo que amas.
Cuando tú estás menos saturada, puedes disfrutar más de los pequeños momentos, reír más con tu hijo, sentirte más presente.
Porque cuidar de ti también es cuidar de ellos.
Y reconocer que todo te supera a veces, no te hace débil, te hace real.
